jueves, 1 de diciembre de 2011

Rickie Lee Jones - Bilbao, 29 de noviembre de 2011.
Sala BBK


La vida te da sorpresas, la del martes fue escuchar casi íntegramente los dos primeros álbumes de Rickie Lee Jones. Publicados hace más de treinta años, han quedado grabados en la memoria colectiva del rock y siempre serán citados en primer lugar a la hora de referirse a la cantante norteamericana. "Rickie Lee Jones" y "Pirates" fueron vestidos de nuevo, maquillados y arreglados para sacarles a pasear con una banda de lujo, ocho músicos sobre el escenario, con sección de vientos incluida, para despedir mi año de conciertos (salvo sorpresa) y también el suyo (nos confesó que sería su última noche juntos). Quizá por ello fue una actuación especial, pero sobre todo porque encima del escenario había una ARTISTA, una diva, que me incitó a regalar todos los discos que poseo de esas chicas emergentes en el mundo del jazz y del rock (no citaré nombres), que venden miles, millones en algunos casos, pero no le llegan a la suela de los zapatos. Ella está a la altura de Laura Nyro, Nina Simone y Joni Mitchell, en lo más alto y en lo más profundo.

Las entradas estaban agotadas desde hace tiempo (el aforo de la sala no llega a 600 personas, muchas de las cuales no tenían muy claro lo que iban a ver, las cosas de comprar el abono), la edad de los asistentes era... salvando a las dos chicas, que tampoco eran unas niñas, de mi derecha, no exagero si les digo que me veía como el más joven en el patio de butacas, un público maduro y respetuoso entre los que, a buen seguro, no había muchos de los que se dejan la piel por una entrada de Tom Waits (vaya, no era mi intención citar amores lejanos) o por disfrutar de la clase de Van Morrison, y sin quererlo nos encontramos con los dos, con el genio del irlandés y con las maneras del de Pomona, al menos las que se gastaba en aquellos primeros discos, hasta que cayó en la cuenta de que no era su piano, sino él, el que había bebido demasiado.

Decía que la vida da sorpresas y eso fue lo que nos ocurrió a todos los que nos esperábamos un repertorio basado en sus últimos trabajos y una banda más ortodoxa para el formato rock o pop, tal y como hiciera hace dos años, pero no, esta vez se trajo Nueva Orleans a Bilbao, a la ciudad que la vio pasear por un pequeño parque y disfrutar de la caída de las hojas en una tarde de otoño (nos lo contó) y tomar un poquito de vino que le hizo sentirse embriagada durante el show, desinhibida, como en casa, descalzándose incluso cuando los zapatos le recordaron que eran nuevos, tumbándose en el asiento del piano para estirarse, interpretando las canciones como la primera vez y logrando que todo resultara natural, hasta decirle al técnico de sonido que bajara el volumen del piano parecía formar parte de la letra de la canción.

Se hizo de rogar, un cuarto de hora después de que se apagaran las luces del teatro empezábamos a impacientarnos y... un chasquido de dedos, apartada un metro del micro comenzó a cantar, casi a capela, piano, bajo y voz, su voz... el sonido perfecto, el lugar perfecto para una garganta perfecta en la que la vida y los excesos no han dejado la huella que cabría suponer. El escalofrío inicial todavía se paseaba por mi espalda cuando vimos entrar a la sección de viento (trombón, trompeta y saxofón, o travesera para las ocasiones en que sólo un foco se centra en el piano), más guitarra y batería. Sonaron cabareteros, callejeros, urbanos, desenfadados y siempre a su merced, la temen, la respetan y la quieren. Ella también se sentía querida y especial, respiraba “love vibrations” y las compartió con su banda y con todos nosotros. No sé si era consciente de que dejó una deuda pendiente hace dos años, la pagó, no con dos canciones, sino con dos discos y la sensación, esa que tan pocas veces se tiene hoy en día, de estar viviendo algo irrepetible. Se mostró tal y como es, imposible de clasificar, dándole la vuelta al rock, al soul, al rythm and blues, al jazz y al pop para hacerlos suyos y quizá por ello, por ser tan auténtica, nunca nadie se acuerda de citarla como influencia.
Dos horas después y sin cumplir con el protocolo de los bises, nos dijo adiós. Nosotros nos acordaremos siempre.

Ya fuera de la sala, Joserra se acordó del sonido de "The Wild, the Innocent, and the E Street Shuffle", y de las cuidadas producciones de Steely Dann, de los setentas... todos caímos en la cuenta de que se había olvidado de su maravilloso último trabajo y a ninguno nos importó, acabábamos de presenciar el mejor concierto de 2011.

3 comentarios:

  1. Aparte de aplaudirte la crónica y decirte que nos conocimos gracias a esta genio (bendita sea) , manifestarte mi regocijo por el nuevo tema de Cohen. No he oido este año nada , ABSOLUTAMENTE NADA mejor.
    Gospel, Coco The Gospel acordding to Len. Fue tan agradable verte aunque fuera tan poco.
    God bless you!

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  2. Me alegra leer tu critica, ya que lei otra donde no lo ponia muy alla! Vi a Rickie dos veces hace años y siempre me emociono cada tema que toco, conciertos magnificos y de una soberbia interpretacion.
    Un saludo

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