viernes, 24 de septiembre de 2010

Karen Elson – The Ghost Who Walks


Despojémonos de prejuicios. Siempre habrá quien (yo el primero) se acerque con mil reparos a un disco que puede no ser más que el capricho de una modelo o actriz (en ocasiones el sujeto es masculino, pero suelen ser los menos). Lo peor de todo es que casi siempre se suelen rodear de productores, compositores y músicos de reconocida valía. No voy a dar nombres, seguro que cada uno de nosotros ha pensado en unos cuantos. Pero..., a veces... se me ocurren dos ejemplos para llevar la contraria: Zooey Deschanel (de She & Him) y Karen Elson.
En esta ocasión estaba cantado. “The Ghost who Walks” (“El Fantasma que Camina”, como la apodaban en el colegio) es el álbum de debut de la modelo inglesa Karen Elson, esposa del polifacético e hiperactivo Jack White (White Stripes, The Raconteurs, The Dead Weather). Se conocieron gracias a un video-clip. Tres colores dominan la estética de los White Stripes: blanco, negro y rojo. Ningún otro de los contenidos en el espectro tiene cabida ni en el vestuario ni en las portadas de sus discos. Así que para protagonizar el video de “Blue Orchid” eligieron a una modelo pelirroja de tez blanca como el papel:

Tras el flechazo, pudiera pensarse que Karen aprovechó la coyuntura para hacer sus pinitos en el mundo de la canción, pero no fue exactamente así. Para empezar, tiene una voz que justificaría que se publiquen media docena de discos con ella como único pretexto, pero es que tampoco se trata de una recién llegada (¿cuantas veces habré leído esto?) y, a pesar de su profesión, no se trata del antojo de una nena mona a quien le componen un disco (esto todavía lo he leído muchas más veces). En su curriculum se recoge militancia en el grupo neoyorquino The Citizens Band, cuya especialidad es la de versionar, llevados al terreno del cabaret, temas de The Velvet Underground, Leonard Cohen, Elvis Presley o Neil Young, ¡ahí es nada!; y además, ha colaborado, entre otros artistas, con Robert Plant o Cat Power (tórrida la versión que se marcan con “I love you” -je t'aime moi non plus- en homenaje a Gainsbourg).
Y después de tantos años tras el micrófono, le ha llegado el turno de ser la dueña del nombre que aparece en la portada del álbum. El resultado, para disgusto de todos los que tenían preparada la crónica de antemano, justifica la atención que se le pueda prestar obviando su belleza o el apellido que recoge su nuevo libro de familia. Karen es la compositora de casi la totalidad de los temas (a excepción de “Lunasa”, obra de Rachelle Garniez), de un álbum inclasificable que cambia fácilmente de registro, de espíritu cabaretero (“100 Years from now” no desentonaría en el repertorio de los Dresden Dolls), con aires folkies (“Stolen roses”), con evidente aroma country (“Cruel Summer” o “The Last laugh”, que vivir en Nashville tiene que marcar), y por supuesto, donde es patente la impronta de Jack White. Él se encarga de la producción, logrando un sonido cercano al blues, oscuro y orgánico, y también toma las baquetas para conseguir ese ritmo sincopado tan característico de los White Stripes (aunque en éstos la batería sea cosa de su compañera Meg). Y quizá sea debido a la producción, unificadora del conjunto, al órgano de Carl Broemel (My Morning Jacket), otra de las señas de identidad del sonido del álbum, o a la estrecha colaboración con la multiinstrumentista Rachelle Garniez, coautora de varios de los temas del mismo, que la escucha del disco, desde la oscura “The ghost who walks” hasta el vals épico “Mouths to feed”, no te deja la sensación de encontrarte frente al debut de una cantante solista, sino al de una banda, un grupo con un espléndido presente, aportando cada uno su dosis de calidad (que es mucha) y con el deseo de que la historia tenga continuidad.

Una voz de verdad, una artista de verdad, un álbum de verdad.

Yo, me como mis prejuicios.

Y sí, el que toca la guitarra es Jackson, hijo y miembro de la banda de Patti Smith, que ha abandonado a su madre por amor. Se ha casado con Meg White, el 50% de The White Stripes, y se ha enrolado en el grupo de la mujer del otro 50%.

6 comentarios:

  1. No eres el único que debe comerse sus prejuicios, somos muchos los que prejuzgamos y nos perdemos cosas buenas. Tal y como dices, muchos debían de tener la crónica preparada pero para mí, esta es la primera que leo, asi que vamos a escucharla con atención, porque verdaderamente pinta bien. Y gracias, gracias,... Por tanto descubrimiento, porque los Mynabirds me encantan...
    Un abrazo

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  2. Ya le leí una entrevista y es cierto que el tema no parecía impostado. Habrá que darle una oportunidad.

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  3. Ese órgano hipnótico...Desde luego, y a pesar de sus antecedentes, se le nota que convive con Mr. White (uno de los músicos con más talento del planet.Por cierto, el otro día lo escuché haciendo una versión arrolladora del Mother´s nature song). El The ghost who walks es muy bueno. Sonido pulcro e instrumentación super elegante.En directo suenan, también, de puta madre. Interesante. ¡A buscar! Saludos.

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  4. Es muy buena, con ayuda o sin ella, la canción es cojonuda. La escucharé detenidamente.

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  5. Es lo mejor que he escuchado este año, conmovedora e inclasificable belleza melódica.

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  6. Impecable. Una delicia.

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