viernes, 10 de junio de 2011

Bob Dylan comandando a Lynyrd Skynyrd

“... No es fácil mantener al público atento a las cosas que uno está diciendo, a nadie le gusta la tensión, es mucho pedir. Nuestra sociedad ha llegado a un nivel tan elevado de descomposición que la música sólo juega un papel de distracción”.

¿Por qué comenzar la crónica de un concierto con tan duras palabras? Y no, no me pertenecen, las he tomado prestadas de una entrevista en la que Kevin Coyne, hace más de treinta años, se refería a su público. Las cosas no han cambiado demasiado, quizá para peor, y me temo que una opinión parecida debe tener Jonny Kaplan después (si no lo pensaba ya) de su concierto el pasado sábado 4 de junio en Le Bukowski, uno de los bares más emblemáticos de San Sebastián, el mismo en el que Chuck Prophet, otro californiano, repasara el "London Calling", el mismo cuyo fondo de escenario está presidido por la portada del debut del grupo de Strummer, Jones & cia.
¿Y quién es Kevin Coyne? Sólo diré que Joserra, emocionado por la escucha de la nueva entrega de Bon Iver, me remitió, vía SMS tres nombres claves para entenderlo: The Blue Nile, John Martyn y Kevin Coyne. Pero todo ésto es otra historia, que justifica el por qué me acuerdo yo de ese “maldito”, que no tiene nada que ver (o quizá más de lo que creía en un principio) con el verdadero motivo de estas líneas.

Como Bob Dylan haciendo versiones de Lynyrd Skynyrd. Un comentario de quien me acompañaba me ayudó a encontrar la definición perfecta para la música de Jonny Kaplan, aunque estoy seguro de que a él le gustaría más que le comparáramos con Lowell George. Bueno, mi ángel de la guarda es como el niño del cuento que grita –“el emperador está desnudo”, ella no se avergüenza al afirmar que no tiene ni puta idea, sus oídos no están todavía corrompidos, no le da miedo decir lo que le gusta y lo que no, y supo ver la esencia de unas canciones que, por supuesto, son el resultado de algo mucho más complejo que encontrar el punto intermedio entre dos artistas por todos conocidos. Es sólo que la banda nos trajo Alabama consigo y que la voz de Jonny suena cada vez más cercana al genio de Minnesota, y sus canciones también, sobre todo cada vez que acaricia su acústica negra y llena de cicatrices para atacar los medios tiempos, dentro de los cuales se le nota cada vez más a gusto, a pesar de que los problemas con el deficiente sonido impidieron que se recreara en ellos lo que tenía planeado (el sonido y nuestra descompuesta maleducada sociedad).

Habría que meterse en su pellejo para saber en que medida bebe de las fuentes que siempre se citarán recurrentemente: compró su primera guitarra gracias a The Rolling Stones, se educó a base de Gram Parsons, The Byrds y The Band, posee el espíritu y las maneras de la Rolling Thunder de Bob Dylan y al verlo en directo es inevitable acordarse de Neil Young (con versión para el recuerdo de “Everybody knows this is nowhere”). Y todo esto, aparentemente tan sencillo, porque es uno de esos genios que hace que parezca fácil lo imposible, lo vivimos el pasado sábado en Le Bukowski ciento y pico personas que pasamos del buen tiempo y nos enteramos de que un mercenario, nómada y libre, que ha tocado con Lucinda Williams, Keith Richards, Wilco o Ben Harper, entre otros, actuaba en un pequeño garito de San Sebastián.

Mientras los teloneros precalentaban el ambiente (poco más adelante se explicarán lo del pre), en la calle, disfrutando de los últimos rayos de sol cerca de las nueve de la noche, hacíamos tiempo bebiendo y fumando (ya saben que dentro no se puede), cuando por la empinada cuesta del barrio de Egia se presentaron los Lazy Stars comandados (nunca mejor dicho por su camisa militar) por un Jonny Kaplan que saludó muy risueñamente a las chicas allí presentes con un –“¡hola!” y se sentó, se sentaron todos ellos, a nuestro lado, haciendo tiempo, bebiendo y fumando, hasta que llegara la hora de quien iba a calentar realmente el ambiente: Miss Blancanieves y su burlesque show.

Pero dejémonos de calentones y vayamos a lo que nos preocupa y ocupa: la música de este hippy con alma de rockero que ya tiene tres discos propios a sus espaldas; el primero recibió todos los elogios posibles para un recién llegado al country-rock: "California Heart"; el segundo la maravilla que me introdujo en su mundo: "Ride Free"; y el tercero una puta obra maestra: "Seasons". Por si no fuera poco, presentó un buen puñado de canciones que no reconocí y, o bien jugaba a hacer del verdadero Dylan o formarán parte de un disco todavía por grabar que, a tenor de lo escuchado, aúna las virtudes de sus hermanos mayores (me he enterado de que su título será "Sparkle and Shine").
Su directo es infalible. Se ha labrado una leyenda merecida y sus Lazy Stars son una banda de las de toda la vida o, mejor dicho, de las de vidas pasadas (cuyo bajista, que pasaría por uno de los hermanos Robinson –Black Crowes-, Jokin Salaverria, es bilbaíno). Da gusto verles tocar, parecen salidos de finales de los sesenta y enseguida se aprecia que tras su aspecto hay algo más que estética, hay una manera de entender la vida (“Ride free”) y toneladas de talento y gusto por la música que se toca por el placer mismo de empuñar una guitarra y subirte a un escenario.

Afirma Kaplan que en cada una de sus actuaciones se ganan nuevos fans (y se venden un montón de discos, añadiría yo). A mí ya me tenían ganado porque hace tres años tuve el placer en el Kafe Antzokia de Bilbao y no me cabe ninguna duda de que cualquiera de los presentes el sábado pasado que no supiera del genio de Jonny se habrá adherido a la causa, la que hace que uno nunca termine de perder la fe en el rock de verdad y que siempre tenga curiosidad por descubrir nuevos artistas y entusiasmo por descubrírselos a los demás.

Y todo a pesar del deficiente sonido. De que hacía un día maravilloso y los menos curiosos se quedaran en la playa (la fiesta comenzaba a las 8 de la tarde), y de que un grupito de verborrea incontenible (que por cierto, llegaron tarde) se empeñaran en erigirse en protagonistas, hablando y hablando, hablando y hablando, hablando y hablando... Jonny pidió silencio en más de una ocasión, los temas más acelerados apenas sufrían las consecuencias pero sus canciones más intimas requieren silencio y atención (que los verdaderos rockeros, los que van más allá de la ropa que se cuelgan, también tienen corazón); llegó a decir –“¡habeis pagado por escuchar esta canción!”, no entendía por qué quienes aplaudían pidiendo un bis luego no callaran cuando regresó al escenario. Yo tampoco.

¿Y ustedes, entienden ahora el por qué de la cita de Kevin Coyne? El grupo de charlatanes no estaba compuesto por más de seis u ocho, con pintas de rockeros con pintas, indies gafapasta y pose estudiada, gente guay. Al resto nos hubiera bastado con que la música en sus vidas sólo jugara un papel de distracción, pero el límite se rebasa cuando provocas la distracción del resto y jodes a los de tu alrededor y a los que están encima del escenario. Y eso que no estábamos en un teatro, ni se pedía el respeto propio de una obra clásica, no, estábamos en un bar, tomando cerveza y disfrutando del rock, escuchando rock, eso: tomando cerveza y ESCUCHANDO CANCIONES DE BUEN ROCK. Mucho mejor que Dylan haciendo versiones de Lynyrd Skynyrd, Jonny Kaplan tocando las suyas.

Canciones como “Stick around” justificaron la entrada, justificarán la próxima y justificarán que tipos como Kaplan giren por cientos de garitos, porque siempre habrá quién esté dispuesto a escuchar sus canciones, y porque siempre habrá quien compre sus discos al descubrirlo.

3 comentarios:

  1. Coco , qué suerte la tuya de poder disfrutar de Johnny a distancia corta ; y que molesto tener que padecer una vez y otra más la cháchara de gente que no tiene ningún interés , que se vayan a otra parte a hablar y gritar!
    es que no puedo , me crispan !
    A todo esto , los 2 discos de Kevin Coyne que tengo los compré en Santoña en una tienda de regalos y revistas que hace esquina en una plaza con un quiosco en medio ; de esto hace ya bastantes años pero tenian los vinilos a precios irrisorios ; también compré algún disco de Little Feat , Grateful Dead y Humble Pie.
    Como siempre , un placer leerte, Coco.
    Saludos!

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  2. Que putada lo de esos gilipollas maleducados, aunque tampoco entiendo qué hacían tipos como esos en un concierto de Johnny Kaplan... en fin, por lo menos disfrutaste de una velada que ya quisiera yo para mí, jaja.
    Buscaré algo de Kevin Coyne, no lo conozco.
    Saludos

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  3. ¿sabes? el mundo se ha vuelto un manto de gafapastas de mentirijilla...qué cansinos por dios! y después no saben reconocer ya no digo a Kaplan, si no que no distinguen un tema de los Rolling siquiera!
    pero al menos pudiste tener esa experiencia, cervezas y rock del bueno, esque ahí es cuando entramos las personas cn corázón, esas personas a las que es realmente fácil hacernos felices....le daré escuchas a este señor en tu honor, un beso enorme!!!

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