viernes, 23 de julio de 2010

Patti Smith en el Jazzaldia - Playa de la Zurriola, San Sebastián, 21 de Julio de 2010

Patti Smith volvió a San Sebastián tres años después de que nos cautivara con su música y con su poesía, tres años después de ver de cerca por primera vez a uno de esos artistas que el destino (como después hiciera con Cohen) ha querido que nos encontráramos cara a cara. Tres años después, ninguna excusa resultaría convincente para no asistir a un concierto de la neoyorquina de adopción. Me he inventado razones, desde la vulgaridad propia de un festival en la playa hasta la lluvia que arreció la pasada noche, ninguna fue lo suficientemente persuasiva, a Patti Smith hay que verla donde sea y como sea. Nunca defrauda, y el pasado miércoles nos dio motivos para seguir pensando así.

Las muy optimistas previsiones de los organizadores se vieron truncadas por la inclemente meteorología. Se preveía un baño de masas similar al de Bob Dylan (ente 25.000 y 30.000 personas), pero gracias a la lluvia la cosa se quedó en unas 15.000 que abarrotaron la playa pero sin que la cosa fuera angustiosa y, además, retrasó la llegada de todos aquellos indecisos a quienes los grises del cielo les pesaron más que la música. Y digo gracias, porque les juro por Dios que recé por que lloviese, alguien escuchó mis plegarias y el agua purificadora dejó en casa a cientos de curiosos que sólo hubieran ido a estorbar.
Los que no se atrevieron se perdieron a Patti Smith, y se perdieron una tarde en San Sebastián. Comer y pasear por la ciudad siempre es un placer, hacerlo en buena compañía un lujo, y así fue hasta que pasadas las ocho los autobuses del Boulevard alejaban a unos y acercaban a otros camino del Kursaal. La lluvia, presente durante todo el día, se resistía a abandonar los cielos que amenazaban oscuros mientras nos adentrabamos en la playa, descalzos, sintiendo la humedad de la arena y presintiendo que nos mojaríamos algo más que los pies. La primera fila nos esperaba y tomamos posiciones (yo y el único valiente que se atrevió a seguirme, compañero inesperado y por ello mucho más agradecido). A esa misma hora, según he podido leer, Patti paseaba por la orilla del mar, nosotros, ajenos, entablábamos conversación con la gente de nuestro alrededor, los verdaderos fans, los pobladores de las cercanías del escenario, en su mayoría venidos desde el otro lado de los Pirineos. El olor del pescado, procedente de algún chiringuito cercano, se mezclaba con el de la marihuana y el salitre de la costa. El ambiente que se respiraba era de auténtica devoción por la mujer que estábamos a punto de ver, de camaradería, educación y buenas formas. La edad, cuya media sólo era rebajada por un pequeño grupo de veinteañeros, franceses también, supongo que tuvo mucho que ver en la atmósfera creada. Gracias a la lluvia se evitó el macrobotellón playero que suele preceder a estas actuaciones, gracias a la lluvia la noche fue especial.

Apenas habían pasado unos minutos de las 21:30 cuando sonaron los primeros acordes de “Redondo beach”, el tema no podía ser más apropiado para comenzar, “Space monkey” y “Free money” completaron una terna perfecta para convencernos de que habíamos tomado la decisión correcta. Patti Smith se mostraba incluso mucho más joven que hace tres años, vital, la perfecta maestra de ceremonias, capaz de emocionarte en un teatro y de hacer vibrar a 15.000 personas junto al mar. Se colgó un crucifijo e hizo figuras imposibles con una cinta roja que le entregó uno de sus asistentes para la interpretación de “Play with fire” de los Stones, ralentizando el tempo y elevando la emoción de una de las pocas versiones que atacó en la noche (ya dejó atrás "Twelve", y con él las personales covers de Hendrix, de Harrison, de Dylan, de Reed, de Young o de Stevie Wonder que habían sido parte fundamental de sus últimos conciertos).
Improvisó con su guitarra acústica un tema con San Sebastián y la lluvia (que por entonces todavía era débil) como protagonistas y dedicó una de las canciones del que será su próximo álbum al escritor chileno Roberto Bolaño.

Sus manos huesudas, a pesar de que ella ya no lo es tanto, no pararon de gesticular (nunca te fíes de quien no mueva las manos al hablar, me aconsejaron siempre). “Ghost dance” invocó a los dioses de la lluvia y “Beneath the southern cross” con un final eléctrico, catártico, terminó por enfadarlos. Se arrastró por el escenario, nos invitó a cantar, nos invitó a amar: -“la única jodida cosa que merece la pena es el amor” “...¡gracias Jesús!”, grita al final de “Gloria”, y nos saludó realmente agradecida por asistir y aguantar el aguacero, e hizo lo propio con la zona VIP, objeto de la envidia de muchos (por estar a cubierto) y del desprecio de otros (porque el rock y las clases están reñidas), pero ella no hizo distinciones.
Hubo dedicatorias a la gente de su generación, pues así se refirió a ellos cuando citó a Tom Verlaine (para él fue “We Three”), el guitarrista amante de Paul Verlaine a quien encontró en el mítico CBGB’S, o a Jim Carroll y sus vivencias en el Chelsea Hotel, y en homenaje a éste último, recientemente fallecido, “People who died” fue una celebración de la vida de todos los seres queridos que se quedaron en el camino, se acordó de Robert Mapplethorpe, Kurt Cobain, de Fred "Sonic" Smith (su marido), de su hermano, de su padre y de su madre y nos invito a hacer lo propio con los nuestros y nos obligo a saltar por y con ellos. “Dancing barefoot” hizo realidad mi deseo de bailar realmente descalzo (aunque lo que yo hago lejos está de lo que se conoce por bailar) y la lluvia aumentó en copiosidad conforme la canción y el concierto ganaban en intensidad. Ya no había marcha atrás, en las primeras filas no fueron permitidos los paraguas, la música fue nuestro único cobijo y era mucho más importante no perderse ni un solo detalle de las danzas imaginarias que sólo Patti sabe dibujar. Con “Because the night” ya estábamos absolutamente empapados, tras el escenario los focos nos mostraban la furia de una lluvia que no parecíamos sentir, hubiera sido un buen momento para versionar “Gimme Shelter”, pero lanzada y enfadada con los cielos “People have the power” tuvo el poder incluso de atenuar la tormenta, ahora convertida en un ligero morrinar.

Y ya en los bises, “Wings” y “Gloria”, en una versión mucho más larga, mucho más sentida y mucho más celebrada que en ocasiones anteriores, puso final a la noche. Supongo que sujeta a los horarios del festival, preocupada porque estábamos calados hasta los tuétanos, o quizás porque no era el mejor lugar para sentir lo que transmiten sus canciones, pero el caso es que la actuación fue breve y nos privó de tres o cuatro fijas de sus setlists, como “Pissing in a River”, o como la ineludible “Rock’n’Roll niger” y el delirio final rompiendo las cuerdas de su guitarra.
Para los que la vimos en el Victoria Eugenia, hace tres años, o en Bilbao, hace dos, nos supo a poco, para el resto (como el valiente que me acompañó) fue una actuación que recordarán por siempre.

Uno tras otro se fueron dando de baja todos aquellos que habían prometido asistencia a la primera jornada del Jazzaldía. Ellos se lo perdieron. Por suerte, lo no vivido no se echa en falta, por suerte para todos los que nos empapamos de la música y de la lluvia de julio, nos acordaremos para siempre del día que bailamos descalzos en la Zurriola. Los DVDs y el Youtube están muy bien, pero los conciertos hay que vivirlos, posiblemente nunca más tengamos ocasión de verla con nuestros pies hundiéndose en la arena, seguramente no la volveremos a ver bajo la lluvia, es posible que repitamos en teatros o en palacios, pero lo de anteayer será irrepetible, mejor o peor, la próxima será diferente.

4 comentarios:

  1. gracias por traerme a Patti aquí tan lejos...

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  2. hola, sí,Patty es especial, la ternura en persona, cariñosa como pocas. No sé si presentó a la banda con el amor de siempre y esa devoción hacia su hijo, que le deja a uno como desarmado. Es como estar siempre en el salón de su casa. Yo tuve la inmensa suerte de verla en "La noche de los libros" (lo que teniendo en cuenta que es poetisa hasta la médula y llanamente culta fue un acierto brillante) en un concierto/recital muy especial, en un lugar que normalmente está cerrado, gratis tras recogida de entrada, y en el que además nos regalaron un precioso libreto con los poemas/letras en original y traducidos al castellano, en un formato superestrecho. que yo con mucha pena regalé a alguien que la adora.
    Su cercanía al público casi descoloca, hasta elpuntode que los de seguirdad en vez de volverse locos yo creo que se dan cuenta de que es otra cosa..
    Pues bienvenida la lluvia cuando trae beneficios, jeje.
    Y, aunque veo que conoces al dedillo su discografía y yo no (más bien siento una devoción general por ella), here is the post, por si lo quisieras leer, ahí quedó mi sensación:
    http://lapor-la-la.blogspot.com/2008/04/patti-smith-en-el-da-de-los-libros.html
    chao
    un saludo!

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  3. ¿no tocará Elliot Murphy por ahí? qué grande es también

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